domingo, 27 de agosto de 2017

Azaleas

Están confundidas, estas tontas azaleas.
Tímidas y como si pidieran permiso sacaron sus primeros brotes a los 10 días del mes de agosto. Se habrán olvidado de lo que se siente el tibio sol de primavera, se habrán hartado de la fría quemazón del invierno. Imagino que su centro es cálido como un fueguito tímido, como una sonrisa de quien pretende coquetear. Tontas, insolentes azaleas, largaron su primer verdor en la cresta del invierno y ya no había vuelta atrás aunque volvieran las lluvias, el frío rocío de la primera hora del día. Se tuvieron que poner sus colores de fiesta, ese rosa palidón que no las cubre del resfrío. Se tendrán que acostumbrar a andar con el vestido mojado, con las raíces descalzas, con las hojas al viento.
Pobrecitas azaleas. Las veo decididas, esperanzadas y anhelantes de primavera, deseosas de sol y desafiantes. Quisieron quemar etapas, salieron a hacerle frente al frío con nada más que su silencioso y un único brote que se despedirá pronto y tardará otro año en volver a empezar.
Qué tontas estas azaleas. Acabarán quemándose en el hielo y despidiéndose, todavía confundidas, en medio del sol.

lunes, 14 de agosto de 2017

Volverán los versos, las palabras derramadas, la tinta en los dedos, páginas arrancadas. Volverán los tachones, los sueños que ya no tenía, el abrazo de la noche, el miedo al sol del día. Volverán las lágrimas, los silencios eternos, el frío en el pecho, los días idénticos, el clamor de un corazón vacío. Volverán las preguntas, las noches sin consuelo, el mirar arisco, las desconfianzas. Volverán los fantasmas del pasado, los recuerdos inéditos, la confusión entre la bruma del sueño.
Y de a poco, con mucho esfuerzo, con noches de valium, mate amargo e infinita cantidad de cigarrillos, se irá el amor y volverá el silencio.
Cuanto falta para olvidarte y que te conviertas en pasado? Cuanto duelo, cuantas lágrimas?
Escucho el silencio. Y asomo la nariz al cielo, preguntándome por qué.

Por qué me negas el sol, justo a mi que te lo cuido tanto?

sábado, 15 de octubre de 2016

Conmoción

Primero lo leí en la portada de Infobae. Sólo el título, y lo dejé pasar. No estaba concentrada, no tenía tiempo de profundizar. Todavía la noticia estaba muy fresca. No se conocían los detalles escabrosos. O tal vez simplemente no aparecían en ese titular. Todavía. 
No lo ignoré, lo guardé en un compartimento del cerebro, lo estacioné bajo un árbol frondoso, lo dejé a mano para ir a buscarlo después.
Después vino el televisor. Sus imágenes no me impactaron tanto como el videograph. La palabra clave -la que después se replicó en todos los otros medios de comunicación con terrible soltura, con espantosa recurrencia- me saltó a la vista en seguida. Creo que abrí mucho los ojos, o tal vez fruncí el ceño. No me acuerdo cuál fue el orden exacto de las emociones, pero sé que reaccioné con sorpresa, con indignación, con espanto, con tristeza.... Y un profundo dolor que se instaló entre pecho y espalda y todavía no se quiso ir. Las imágenes en pantalla dejaron de tener sentido, y al mismo tiempo, se me grabaron en la retina. Empecé a confundir las cosas. En su sonrisa torcida veía el mismo candor de mi mejor amiga. En sus ojos entrecerrados el brillo de las pupilas de mi hermana. En sus mejillas arreboladas vi el pudor de mi sobrina. Y entonces vi rojo, vi negro, y ya no vi nada más. 
Esa noche las lágrimas empaparon mi almohada. Mis lágrimas eran un reflejo de la injusticia, de todas las injusticias; un duelo por Lucía y por todas las que no sé y por las que no me acuerdo, un descargo interminable, un grito ahogado en mi propio cuerpo. 
Desde hace días que no dejo de pensar en esto: Lucía se murió de dolor. No en un sentido metafórico o con intenciones literarias, la frase es exacta en el más preciso de los sentidos: fue torturada hasta la muerte, la peor pesadilla jamás imaginada la mató. Y en un sentido no tan literal te aseguro que yo también siento que me muero por dentro. Muero cuando veo sus fotos, cuando imagino sus gestos, cuando comprendo que es una más en una larga lista, pero no es sólo una más, aunque sea también una menos. ¿Tiene sentido lo que digo? No la vamos a olvidar fácilmente. No, por el contrario, la muerte de Lucía nos lleva a desenterrar a todas las demás. Y ocuparemos las calles si es necesario, y alzaremos pancartas, pintaremos paredes, gritaremos todas juntas y al unísono que vivas nos queremos. Hasta desgastarnos la voz. Por todas ellas, por nosotras y para las que vendrán. 
Me niego a permitir que nadie se atreva a olvidar: vivas nos queremos.
Vivas. Sonrientes, de ojos entrecerrados y mejillas arreboladas. Vivas como Lucía, que aunque esté muerta, en mi recuerdo no se muere nunca más. 

sábado, 10 de octubre de 2015

Era tan fácil escribir la tristeza que a veces me pregunto si estaré viviendo esta felicidad a pleno, porque puede que tal vez me esté perdiendo una parte.

miércoles, 29 de julio de 2015

Fuiste amigo, abrazo, santo remedio; y hoy sos otra cicatriz.

Parece que las colecciono. 

¿Algún día me explicarás (o alguien más me sabrá explicar) por qué me arrancaste de tu vida?

No tengo nada que reprocharte porque mientras duró me diste todo, todo el cariño que tenías para mí. 

Supongo que tu cariño era mensurable y sencillamente se agotó. 

Si no estás ahí para recibirlo, ¿qué voy a hacer con mi cariño infinito?

Otra cicatriz.

sábado, 7 de marzo de 2015